domingo, 6 de enero de 2019

Vacaciones Permanentes

Después de dos años de aquella tarde en la que me echaron de casa, ayer volví.
Las paredes me arrinconaban haciéndome sentir que no me querían ahí, y tristemente es cierto...ni las paredes ni la gente que habitaba en ésta vieja vivienda adoraban mi presencia.
La ví a ella. No pude entender el terrible desenlace de su vida mientras yacía en un ataúd que no valía ni dos mangos.
La ví y no sentí culpa.
La ví muerta y recordé todo.
Vi en ella al insignificante ser humano, al ser más desagradable que había habitado en la tierra.
Y no sentí culpa.
Supe que había deseado este momento todo el tiempo.
Y tampoco sentí culpa.
Estaba aliviada.
Jamás iba a volver a cargar con ese envenenante peso.
O quizás esta vez era peor.
Pero no sentí culpa,
y estaba aliviada.
Aquella mujer desagradable que una vez hizo que las paredes me odiaran y las llenó de mi sangre,
hoy,
estaba muerta.
Y no sentí culpa.
Sentí el alivio que siente una persona cuando puede vengarse del asesino de un ser querido.
Y ni las paredes apretándome pudieron contra eso:
Me vengué a mí.
La ví muerta y reí.
Y jamás sentí culpa.

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